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jueves, 6 de febrero de 2014

Chapter 1. Tequila Shots and Marriott's Suite

Capítulo 1. Chupitos de tequila y una suite en el Marriott

El bolsillo trasero de su pantalón vibró, cogió el móvil e intentó leer el nombre de la pantalla, pero no veía más que una mancha gris. Estaba borracha. Había estado tomando chupitos de tequila con Marc, un viejo amigo al que veía a menudo y con el que en su momento hubo algo más que amistad.

Alice estaba harta, harta de que le hiciesen daño, harta de tener altas expectativas, harta de confiar en la persona equivocada. Estaba harta de los hombres, en especial de un hombre concreto, por eso no le importó el hecho de que apenas veía la pantalla de su móvil, o el mareo que le entró al levantarse; quería olvidarse de lo estúpida que había sido, y no importaba cómo. Así que colgó.

No pasaron ni treinta segundos hasta que el móvil volvió a vibrar y esta vez decidió contestar. Era él. El causante de todos sus males, de que ella ahora estuviese en esas condiciones y tan dolida por dentro.

- Alice, soy yo. Estoy delante de tu casa, ¿dónde estás? Quiero hablar contigo.
- Lo siento, pero ahora no estoy en casa – contestó con enfado antes de colgar.

El móvil vibró otra vez.

- En la 46 con Madison – dijo rápidamente.



En menos de 10 minutos Nate estaba allí. Su pulcra imagen trajeada destacaba en ese bar para veinteañeros. Alice le vio junto a la puerta y fue hacia él.

Se sentaron en un banco cercano. Él fue el primero en hablar. Se disculpó de manera sincera por haberla dejado plantada no en una, sino en dos ocasiones.

Ella no podía creer lo estúpida que había sido al pensar que un joven ejecutivo y con éxito, se fijaría en ella y la invitaría a salir, la llevaría a sitios elegantes, y quizás, llegado el momento la presentaría como su novia. Sí. Definitivamente había sido una estúpida al pensar eso. Pero ahí estaba él, con su tremendo atractivo, sentado junto a ella, y disculpándose.

Alice le miró incrédula mientras él le acariciaba la mejilla suavemente. Y a pesar de lo enfadada que estaba y de lo que su sano juicio le decía, se inclinó hacia delante y le besó.

Hacía mucho frío fuera y Nate sugirió ir a algún sitio a cenar algo. Cuando Alice se levantó del banco recordó lo borracha que iba y tropezó con su propio pie. El la agarró firmemente por el brazo.

- Será mejor que te llevé a casa.
- Nate estoy bien, te lo prometo, no quiero irme a casa – dijo Alice mientras le cogía de la mano.
Pero era evidente que no lo estaba. Tropezaba cada dos pasos que daba y estaba congelada.
- Sube al coche.

Ella obedeció y se acomodó en el asiento de su Porsche Cayenne. La calefacción enseguida le hizo entrar en calor y comenzó a sentirse mejor. Se detuvieron ante el Marriott.



La habitación era fantástica, una de las mejores suites.

- ¿Por qué no vamos a tu casa? – preguntó con curiosidad.
- Está lejos – respondió él secamente.
Alice se tumbó en la cama y antes de poder de decirle a Nate lo cómoda que era, se quedó dormida.



A la mañana siguiente se despertó antes de las 7, miró al otro lado de la cama, buscándole, pero no estaba. Se dio cuenta de que no llevaba su ropa, sino una camiseta grande de pijama. Se levantó y fue hacia la salita, seguramente él estaría desayunando.

Y así era, allí estaba él, con una taza de café en la mano, perfecto con su traje y leyendo el periódico. 

Alice se acercó tirando hacia debajo de su camiseta, evitando que se levantase mientras caminaba, pero fue tarea imposible. A pesar de conocerse desde hacía un mes, aún no se habían acostado. Ella nunca se había acostado con nadie. Nate levantó la vista y sonrió mientras le indicaba con la mano que se sentase frente a él.

- Pide lo que quieras – dijo mientras le tendía el menú de desayunos.
- No hace falta, cogeré algo de camino a casa.
- Insisto – dijo él clavando sus inescrutables ojos verdes en los de ella – tienes que comer algo.

Al cabo de veinte minutos llamaron a la puerta. Alice se levantó de un salto para abrir y se quedó alucinada cuando al abrir vio, además de un desayuno que tenía una pinta buenísima, tres bolsas llenas de ropa. Pero no era cualquier trapo que consigues por 7 euros en las rebajas de Zara, era ropa cara, muy cara.

- ¿Alice Hudson? – dijo el empleado del hotel.
- Sí, soy yo.
- Aquí tiene el desayuno que pidió y una entrega que ha llegado esta mañana.

Alice no podía creérselo, una camiseta y un bolso de Céline, zapatos de Prada, y cazadora negra de cuero y vaqueros de Gucci.

- ¿Te has vuelto loco? No puedo aceptarlo, cuesta demasiado dinero.
- Es un regalo Alice, no tienes que preocuparte por eso.

La verdad era que se moría de ganas por probárselo así que fue pitando a la ducha y se vistió lo más rápido que pudo. Aunque se trataba de prendas de lo más corrientes, le sentaban genial.

Cuando se sentó a desayunar, teniendo cuidado de no mancharse lo más mínimo, Nate se levantó.

- Tengo que ir ya a la oficina – dijo mientras la besaba en la frente – quédate el tiempo que quieras, te llamaré esta noche.



Alice no podía creérselo, aquello era como un sueño. Enfundada en su nuevo atuendo, con la ropa del día anterior en la bolsa de Prada y su nuevo bolso, puso rumbo a su apartamento, sintiéndose segura de sí misma y feliz, muy feliz.

jueves, 23 de enero de 2014

A Thousand Miles Seems Pretty Far

A veces no tienes que preocuparte por la distancia.




A veces basta con cerrar los ojos para sentirle cerca, escuchando esa canción, vuestra canción; o sosteniendo entre las manos una de vuestras fotos juntos, oliendo ese jersey que te dejó una noche fría y tu decidiste que encajaba mejor en tu armario que en el suyo. Decidiste que dormir abrazando ese jersey hacía que las noches fuesen menos frías, menos solitarias, menos malas.

También te acordaste de esa frase que decía así: "la distancia es una prueba para el amor verdadero". Y te autoconvenciste de que vuestro amor lo era y puede que lo fuese. El tiempo dirá si lo sigue siendo.

Nadie dijo que sería fácil, pero tampoco imposible. Estar despierta a las 3 de la mañana para hablar por Skype con él también es un gesto de amor, un gesto de los de ahora, pero aún así un gesto de amor.

Puede que el tiempo pase despacio, pero pasa. 



Y finalmente llegara el día que tanto ansiabas, que tanto ansiabais. Y ahí te darás cuenta de que, a pesar de la espera, la distancia y la incertidumbre de si todo será como antes; todo puede volver a ser como antes, incluso mejor. Porque ese abrazo, después de todo ese tiempo sin veros, no tiene precio, ni puede describirse con palabras, ni es comparable a ninguna de las maravillosas sensaciones que nos ofrece el mundo.

C.

viernes, 10 de enero de 2014

What if it doesnt work out? Ah, but what if it does?

"It is a risk to love.
What if it doesnt work out? 
Ah, but what if it does?"

Dicen que el que no arriesga no gana y llegado el momento deberás dar el salto.

Ese salto, como todo en la vida, puede tener dos finales, uno feliz o uno triste. Si tuvieses la mala suerte de caer en este último, tranquila. No pasa nada por estar unas semanas a lo Bridget Jones, comiendo helado en frente del televisor y torturándote a ti misma viendo comedias románticas; todo eso sin quitarte el pijama, claro. 


No pasa nada siempre y cuando no te olvides de todo lo que hay en el exterior, esperándote, para que, cuando estés lista, salgas a comerte el mundo. A respirar el aire fresco, disfrutar del sol calentando tu piel, o de la lluvia, el viento, nieve o granizo. Llama a tus amigas, sonríe a ese camarero tan guapo del café de la esquina, o guíñale un ojo, baila, canta bajo la ducha o bajo la lluvia, o no cantes, ¡grita! ¡Sé feliz! Cómprate esa hamburguesa doble con huevo, queso y bacon, o un batido de Cookies&Cream o de fresa y plátano.
Y sobre todo ríete, ríete de ti misma, de los errores que cometiste y ¡los que te quedan por cometer! De los errores se aprende, ¿no?


Si, por otro lado, tienes la gran suerte de quedarte con el final feliz, solo un pequeño consejo: disfruta.

C.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Una carta de amistad

To: A 
From: C

Una vez me escribieron una carta, no era una carta triste, ni tampoco una carta de amor. Podría decirse que era una carta de amistad. Una de esas amistades que duran para siempre, de las que crecen rápido pero aun así perduran. Esa carta está escondida entre las páginas de mi antiguo diario, al fondo de ese cajón lleno de polvo que rara vez es abierto. De vez en cuando, una tarde de domingo o una mañana soleada o simplemente en algún momento que me apetezca, lo abro. Saco con cuidado el pequeño cuaderno y busco, más o menos por la mitad, unas hojas ya arrugadas de haberlas leído en incontables ocasiones. Y entonces comienzo a leer…

Me pierdo entre esas palabras que en su momento me fueron dedicadas y por un instante parece que vuelvo a estar allí, como en un sueño.



En aquel momento yo consideré que aquello era una carta de amor, llena de cosas bonitas, todas ellas dirigidas hacia mí. Quizás aquello habría llegado a ser amor o quizás no, pero la realidad es que, encontrándonos donde nos encontramos y pasado el tiempo que pasó, ya no importa pensar en lo que podría haber sido, sino en lo que es. Y en realidad es una amistad, una amistad grande y fuerte. Eso es lo que me hace pensar que durará, sino para siempre, durante mucho, muchísimo tiempo.

Desgraciadamente los sueños duran poco y poco dura también mi ensimismamiento. Vuelvo a la realidad y pienso en todo el tiempo que ha pasado y el que pasará antes de que volvamos a vernos, si es que alguna vez lo hacemos. Hasta que eso ocurra podré, al menos, releer una y otra vez nuestra carta y perderme en los recuerdos.

C.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Santander ---> Oviedo

¡Al fin en casa! Después de dos horas y cuarto de bus, ¡por fin llegué a casa! A pesar de haberme ido hace menos de dos meses a Santander, ya echaba de menos esto. Esta entrada va dedicada a todos aquellos que estáis fuera de casa, stay strong!

Finally at home! After two hours in the bus I arrived home! Despite of the fact that I have been living in Santander less than two months, I already miss home and family. This post is dedicated to everyone who lives away from home, stay strong!

Oviedo:


miércoles, 9 de octubre de 2013

Eso mis queridos amigos, es amor

De repente algo se acciona, algo llama tu atención y, aunque tú no lo sepas, ya nada vuelve a ser lo mismo. Pudo ser un gesto, una sonrisa o simplemente una mirada. Algo ha captado tu atención y tarde o temprano se convertirá en tu obsesión. Pasan los días y puede que no pienses en ello, pero llegado el momento lo recordarás y será entonces cuando ese algo se quede grabado en tu mente, donde lo revivirás una y otra vez. Poco a poco empiezas a pensar en ello de forma consciente y un día, en el momento más inesperado, en el lugar más inesperado ese algo se repite y sientes como se te ponen los pelos de punta, el estómago te da un vuelco y te apetece gritar para que todo el mundo te oiga y se dé cuenta de que ese algo, por pequeño que fuese, te hizo feliz. Pero no gritarías como quién ve una sombra al fondo de un pasillo oscuro una noche de tormenta o quién se golpea el dedo meñique contra la esquina de algún mueble, no; gritarías con todas tus fuerzas, utilizando todo el aire de tus pulmones, en un estado de histeria y euforia absoluta. Debes contener ese grito, pero en tu interior hay cientos de duendecillos bailando al son de una canción, una canción que solo un tipo de música conoce. Esa música, desgraciadamente, no viaja en la misma onda que el resto y solo unos pocos afortunados son capaces de oírla, sentirla y vivirla en algún momento de sus vidas. Esa música mis queridos amigos es el amor y ese algo del que les hablo no es más que el florecer de un amor puro y eterno, de esos que hacen que te levantes todas las mañanas lleno de energía, que se te hinche el pecho al decir su nombre; que hacen que lo malo no sea tan malo y que lo bueno sea mucho mejor. 


Aquí os dejo mi humilde consejo: cuando tengas algo así, tan verdadero, tan bonito y que te llena por dentro; no lo dejes escapar, nunca. Y con nunca me refiero a jamás de los jamases, cueste lo que cueste, porque en el amor y la guerra todo vale, ¿no? Al menos eso dicen...

C.